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"No, no. Gracias" y "Me da igual"

por Iñaki | Se lee en 2,46 minutos | Comentarios
La costumbre de responder de entrada "no" a cualquier ofrecimiento, o el conocido "me da igual" ante cualquier propuesta, aunque pensemos diferente, son claros ejemplos de tradiciones orales absurdas que seguimos de forma sistemática sin planteárnoslas.

Algunas tradiciones sociales son poco visibles, aunque parezca una contrariedad. Hay normas de conducta social que se transmiten de generación en generación y que no llegan a ser una institución.
En sociedades como la española, existen dos tradiciones orales que persisten, aunque analizadas racionalmente parezcan conductas absurdas o contradictorias, a saber:

  • Responder sistemáticamente “No” a cualquier ofrecimiento.
    Cuando vamos de visita a casa de un amigo o familiar, por más confianza y aprecio que se tengan con éstos, cuando se nos ofrece algo (ya sea un aperitivo, algo para tomar …), la respuesta automática del “manual de estilo” es siempre un “No”. Seguramente a todos nos suena la siguiente situación:

    - “Siéntate en el sofá, ¡no estés de pie ahí!.
    – “No, es igual, si ya mismo me voy” (¡Cuándo quizás llegamos a esa casa cansados de caminar y sedientos!).
    – “¿Quieres tomar un café o una copita?”.
    – “No no, gracias…” (¡Cuándo realmente sinos apetece!).

    De alguna manera inconscientemente consideramos que aceptar esos ofrecimientos son un exceso de confianza y que, además, son retóricos por parte de nuestro anfitrión simplemente para “cumplir un protocolo de cortesía”. Si esto fuera así, toda la conversación sería en sí todo un convencionalismo que bien nos podríamos ahorrar.

  • Responder sistemáticamente “Me da igual”.
    Este caso guarda profundas similitudes con el anterior. La situación análoga podría ser la siguiente: una cita con alguien con la que no se tiene excesiva confianza:

    - “Bueno, ¿dónde te gustaría ir?”.
    – “Me da igual…”.
    – “Pero, ¡algo te apetecerá hacer!, ¿no?”.
    – “No sé, lo que tú quieras, a mi me da igual.”

    Y así se puede prolongar la indecisión durante bastante tiempo. Generalmente, al final la situación se resuelve yendo a algún lugar que no satisface a ninguna de las partes, puesto que el miedo escénico a “quedar mal” hace que se opte por lugares sosos “de bajo riesgo” y acaben siendo esas citas un desastre, por falta de valentía, decisión y sobre todo confianza franca para expresar lo que realmente se quiere en lugar de dejarlo todo en manos de protocolos aprendidos y absurdos que no nos sirven para mejorar nuestra calidad de vida.

En otras sociedades de herencia cultural muy similar a la nuestra, éstas cosas no suceden, puesto que desde siempre han crecido con unos valores donde expresar claramente lo que se prefiere está bien visto. Así, por ejemplo en toda América, si recibimos una visita en nuestro hogar y les preguntamos si quieren tomar algo, probablemente no dudarán en aceptarlo e incluso indicar qué quieren tomar. Por otro lado en una cita, esperarán a que propongamos un lugar o, en caso contrario, nos lo propondrán claramente. En esos aspecto al menos, su vida es más sencilla y por lo tanto más gratificante.

Publicado el 25 septiembre 2006 | Temas: , | Tags: ,

Comentarios ( RSS)

  1. Cean    26 septiembre 2006, 02:14    #

    Iñaki, es cierto. A mi siempre me ha gustado decir sí cuando me sugieren hipócritamente ¡Ven un domingo a comer con nosotros!, allá que voy yo para ver las caras que se les quedan.

    Por otra parte, hay ocasiones que tras comer copiosamente visitas a un amigo y un familiar suyo te ofrece algo para comer, les agradeces el gesto pero no aceptas, e insisten una y otra vez. Dan ganas de comer lo que ofrecen y luego, tras unos retortijones estomacales, vomitarles en el sofá y decirles “¡ya os dije que había comido demasiado!”.

    Como dices, la vida podría ser más sencilla si no la complicáramos tanto, pero la sencillez sin inteligencia no es posible y la primera escasea.

    Saludos.

  2. — Nuncajamás    26 septiembre 2006, 05:30    #

    Iñaki con este articulo me he reído porque yo soy así, siempre a la primera digo que no, o me sabe mal, y el me da igual siempre lo tengo en la boca.
    Aunque todo esto forma parte de mis deberes psicologicos y que poco a poco voy corrigiendo, pero creeme que a mí me cuesta.
    No sé si en mi caso es cuestión de cultura, yo más bien diria que forma parte de mi inseguridad, y baja autoestima o igual forma parte de mi carácter. La verdad es que actuando de este modo te pierdes muchas cosas jajajaja.

  3. diego    10 octubre 2006, 21:17    #

    Qué bueno el artículo, qué risas me he echado… estamos llenos de convencionalismos por todos lados, y es muy divertido romperlos de vez en cuando y ver la cara que pone la gente en plan “pero este tío raro de dónde ha salido?” y luego van con los amigos y se pasan la tarde hablando del tipo raro, para que quede claro que ellos no son raros y que cumplen las normas, jajaja

    A mí me pasa que me invitan a bodas, a lo que se supone que para quedar bien tienes que aceptar, y siempre digo que no porque las odio. Y sí, mira que insiste la gente… como si no terminara de creerse que hay gente que “rompe” las normas con tan poca vergüenza :-) En fin, en mi peregrinar anti-bodas me he encontrado a mucha gente que comparte mis argumentos para no ir a bodas pero luego “se raja” y termina yendo, principalmente por el “qué dirán”. Esa es una de las esclavitudes de la sociedad moderno-borreguista que tenemos, el puñetero “qué dirán”.

  4. aurelia    27 octubre 2006, 18:54    #

    Yo también pienso que esa expresión ofrece muy poca ayuda en las relaciones interpersonales. Creo que ocurre al contrario, que entorpece la comunicación.

    Yo agradezco que la gente me diga si prefiere tal cosa o tal otra. De hecho hacer una cosa u otra puede tener poca transcendencia para mi­, pero si pregunto y alguien muestra mas interés por una cosa que por otra, me ayuda a decidir que hacer.
    Lo contrario, decir “me da igual” sólo me lleva a dos cosas igualmente desagradables. O bien adivinar que le puede gustar en realidad a la otra persona, o bien decidir yo (de forma unilateral) según mis preferencias.

    En el primer caso, si la otra persona me dijera que quiere, me ahorraría el tener que jugar a las adivinanzas. En el segundo caso, podrí­amos negociar un acuerdo en función de las preferencias de cada cual.

  5. Iñaki    29 octubre 2006, 17:07    #

    Un apunte un poco “off-topic”, y es referente a nuestra expresión escrita:

    ¿Realmente hablamos coloquialmente en el día a día como redacatamos estos comentarios?

    Porque al leer esto de: En el segundo caso, podrí­amos negociar un acuerdo en función de las preferencias de cada cual. ... parece que se esté hablando de unas negociaciones para una OPA o algo así, en lugar de decirle a nuestros colegas que desembuchen de una puñetera vez a dónde demonios quieren ir.

    Esta formalidad con la que muchos posteamos aquí... ¿no será impostada? De ser así, me temos que estamos cayendo en la pedantería.

  6. aurelia    31 octubre 2006, 18:40    #

    Iñaki, yo no veo pedantería por ningún lado. Por lo general nunca se habla como se escribe. Se escribe para que los demás nos entiendan, cuando falla el lenguaje no verbal. A veces, yo misma, hablo demasiado rápido y doy por supuestas cosas que los demás no saben, o no sitúo bien la escena o no me explico con el suficiente grado de detalle que hace falta. Eso es lo bueno que tiene el lenguaje escrito, que permite pensar exactamente qué queremos decir y cómo decirlo para que se entienda con precisión la idea que queremos transmitir.

  7. Iñaki    31 octubre 2006, 20:43    #

    Cierto, aurelia. Lo que yo venía a decir es que esos arreglos que hacemos al escribir para que no parezca la verborrea apelotonada que a veces parece lo que hablamos, se llevan al extremo, al final acabamos escribiendo no solamente muy lejos de cómo nos expresamos, si no también lejos de un lenguaje llano, que al final solo entendemos nosotros mismos (o a veces, ni eso) y poca gente más, por un exceso de celo en el formalismo.

    Espero que me hayas entendido ;-P

  8. — diablo    4 octubre 2007, 00:47    #

    xD hola que tal. Que casualidad… Estaba buscando una definición para la persona que no lo gusta nada o casi nada como a mí (nada sería decir demasiado supongo)y me encuentro con esto… jeje… Está bien este artículo yo soy de los que dice siempre que no y me da igual, expresando así opiniones que quizás no sean las que en realidad pienso, pero por lo que sea, no lo digo así. Es algo muy complejo y retórico, así que no se como explicarlo. Lo malo es que en mi caso he intentado solucionarlo pero no he podido. Supongo que cada uno es como es y que no se puede cambiar al menos, su personalidad.O al menos la mia, debe ser que la tengo demasiado integrada, jaja…
    Vaya hombre, pues ojalá hubiera salido como los americanos estos… quizás sería más feliz… =( porque precisamente de feliz, auque tenga de todo, no lo soy, debe ser que soy un insatisfecho de la vida…
    P.D. tengo 17 años no se porque lo digo pero bueno… xD

    perdón por mis faltas…

  9. — Marta    8 octubre 2007, 18:04    #

    jeje este artículo me ha llevado a mi niñez… esos días donde me tocaba ir junto con mis hermanos y mis padres de visita a casa de algún familiar y mis padres siempre nos decían: Si os ofrecen algo decir que no queréis ehhh y nada de levantaros, sentaditos en el sofá.-
    Pues imaginaros el panoroma…
    Quizá eso repercute con los años, porque yo también suelo decir de primeras que no y luego dependiendo de la confianza que tú me des, así actuo yo. También suelo decir eso de “me da igual”. jajaja

    -diablo: La Felicidad es algo que llevamos por dentro… sólo tienes que hallarla, es algo muy personal…

  10. Neurotransmisores    13 diciembre 2007, 16:58    #

    Cuando decimos NO al “quieres tomar algo” es porque el “quieres tomar algo” también puede ser un formalismo.

  11. Cean    22 diciembre 2007, 06:15    #

    Neurotransmisores, cuando una persona propone algo para simplemente “quedar bien”, se puede aceptar perfectamente. Es más, observar la cara de estúpida que se le queda a esa persona es algo digno de experimentar.

    Es importante saber que si alguien ofrece algo es porque quiere y, por tanto se puede aceptar. Si realmente no quiere ofrecerlo, también puede aceptarse, así será ella quien sufra su hipocresía. Por ejemplo, te dice una persona: “el domingo que quieras vienes a comer a con nosotros”, se le puede contestar: “el próximo estoy ocupado pero al siguiente si. En torno a las 11:30 voy para allá” :-)

    Saludos.

  12. — Sonya    2 febrero 2008, 15:40    #

    jaja..!! me gustó el artículo y los comentarios; al igual que varios me identifico…
    Antes “nó gracias” brotaba de mi boca automáticamente con más frecuencia, espero mejorarlo..
    Como dijo nuncajamás por allá arriba: actuando de esta forma te pierdes muchas cosas… y miren que sí.!
    Saludos

  13. — ana    16 abril 2008, 11:48    #

    no, no gracias me da igual cuando en realidad estas pensando de otro modo no hay que hacerse el estrecho si en realidad tenes ganas de decir que si y no haces algo por verguenza o timides animarse al si seria la mejor opcion el no ,no es igual al si asi que eso me da igual no existe algo nos tienen que gustar mas sepamos elegir en todo caso prefiero tal cosa o no prefiero

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